LUNES 31 de Marzo de 2025
 
 
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Argentina, un país que se incendia...

Era previsible que en algún momento las distintas “bombas” instaladas comenzarían a explotar y el país se convertiría en un incendio de dimensiones impensadas.

El malestar interno, en todos los sectores sociales y de la política, está alcanzando un nivel, que no se había visto, ni en los momentos más difíciles y conflictivos de la Argentina, cuando se vió sometida a una guerra interna, protagonizada por un régimen dictatorial y la reacción rebelde de quienes no admitían ser sumisos, obedientes y seguir las órdenes viendo coartadas las libertades individuales, como mansos corderos, salieron a enfrentarlos.

Muchas explicaciones han procurado dejar en claro este triste episodio que vivió la ciudadanía, con miles de desaparecidos, y otros tantos que, aún hoy están pagando los efectos de un manejo totalitario, perverso en donde estaba prohibido pensar y ser libre.

Es realmente complicado entender las expresiones del Jefe de Gabinete, un político a quien no se le puede desconocer tener cintura para moverse en ámbitos de conflicto político, manifestar “Se estaba intentando un golpe de Estado”, al referirse a los episodios desencadenados durante la marcha de los jubilados, en esta oportunidad respaldados por grupos integrantes de las “barras bravas” de distintos clubes. Una aseveración grave desde el punto de vista institucional.

Indudablemente no solo responde a una habitual “chicana” política, dado que apuntó decididamente al kirchnerismo, sino que evidencia que existe detrás de todo este escenario un trasfondo que gran parte de la sociedad desconoce.

Presume, pero no tiene certezas y eso invalida cualquier juicio que se puede escuchar sobre los motivos que generaron la guerra callejera que terminó con cientos de detenidos y heridos, uno de ellos grave, el fotógrafo Pablo Grillo, que solo recogía, como lo ha hecho en otras oportunidades, imágenes de lo que estaba sucediendo.

Este clima de extrema beligerancia tiene un punto de partida, la belicosidad que el presidente libertario Javier Milei le impone a cada una de sus acciones y, naturalmente, transmite a sus adláteres, quienes responden, sin condicionamiento alguno, las órdenes que se les imparten.

Por otra parte, el que no cumple y obedece, rápidamente es alejado del gobierno.

Es claramente un accionar que, más allá del intento de un periodismo que está lamentablemente entregado a darle forma al relato oficial y a justificar cualquier acción, aún aquellas que siempre criticaron, es el formato de una actitud dictatorial que está procurando “el triángulo de hierro” imponer en todo el país.

La violencia es un síndrome contagioso, al punto que hace eclosión en momentos y con personas que -como en el caso de las y los legisladores de LLA- trabajan, supuestamente, para el mismo sector político, aunque ideológicamente transitaron parte de su existencia aplaudiendo otras opciones.

El Congreso de la Nación es uno de los tres pilares sobre los cuales está asentada la estructura Constitucional del país. Debería ser un ejemplo de cordura, decencia, respeto, esencialmente si se ajustan a las normas; pero no lo es.

Eso quedó demostrado cuando hubo trompadas, insultos, mujeres denostándose y tirándose con vasos de agua y autoridades de la Cámara de Diputados que huyeron, dando por concluida la sesión por una falta de quórum, hasta allí inexistente.

Si esto ocurría en un ámbito de naturaleza institucional, que podía esperarse ocurriera en las calles aledañas, donde un sector de la sociedad muy postergado, los jubilados, respaldado por otros sectores que dicen sentirse identificados, eran repelidos con gases, balas de goma, impidiéndoles manifestarse.

Mientras, en su reducto de la Casa Rosada, el presidente argentino seguía las alternativas de los “incendios” que iban surgiendo en la “Roma-Argentina”. Un país que pretende cambiar a los “golpes”, sin importar los costos ni los daños colaterales que van dejando un tendal de familias que están en una pendiente muy pronunciada sin encontrar estabilidad.

El país se recalienta y ya es un hecho habitual el “todos contra todos”. La ausencia de consensos está marcando que las estrategias montadas por el mileismo están dando los efectos buscados.

Algo que indudablemente no se puede mensurar si se producirá y cuándo es el desborde generalizado. Si un alto funcionario del gobierno como Francos, habla de “intento golpísta”, mientras la Ministra de Seguridad lanza acusaciones a diestra y siniestra con el objetivo de justificar, heridos, detenidos un fotógrafo herido gravemente y amenaza que lo que se viene en materia seguridad es peor que lo que observamos, vamos, claramente, a un quebranto social que resultará muy difícil de recomponer.

Todo indica que retrocedemos socialmente. Hay una contundente demostración que el factor humano es poco considerado. Si se pierden los límites que nos marca una sana convivencia pensemos como pensemos, el final no será grato.

Gran parte de lo que está sucediendo solo es explicable si se los vincula con un año electoral donde hay dos liderazgos que se juegan su supervivencia: el de Cristina Kirchner, por el peronismo, y el de Mauricio Macri, por el PRO, y enfrente el oficialismo, que pretende liderazgo absoluto en la figura de Javier Milei y La libertad Avanza.

El vamos por todo o el “cómo negociamos futuro político” es el tema central.

Mientras el país sigue incendiándose ante un Javier Milei que lo mira desde el balcón de La Rosada.

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